
Noche madrileña, lluviosa y de resaca, inicio del año, primer propósito: sorprenderte. La situación pintaba morbosa, varias conversaciones pícaras por msn, alguna conversación telefónica, breve, pero lo justo para descubrir tu voz tremendamente sensual y viril para tu edad, una primera cita que cancelaste de puro nervio (aunque lo disfrazaste de excusa perfecta).
Me duché pensando en la maravillosa posibilidad de seducirte, con esas armas que da la experiencia… demuestras una gran imaginación, a pesar de tu aparente inexperiencia, y siento que tienes muchas ganas de emprender tu propio viaje y descubrir todo un mundo a tu alrededor. Me encanta.
Me vestí cuidadosamente: ropa interior negra, vaqueros ajustados, botas y un top sexy debajo de mi jersey rojo con cremallera. Solo íbamos a tomar algo, a echar una partida de billar y a conocernos, y luego, si había feeling, ya surgiría el resto. Pero yo intuía, más bien sabía, que lo iba a haber. Me gustaba tu juventud, tu juego inexperto, tus fotos y sobre todo tu voz. A media tarde me enviaste un mensaje. Decías que estabas muy nervioso pero que tenías muchas ganas de conocerme. Sé que te parecía sexy, simpática y desenvuelta, te asustaba, pero estaba claro que también te excitaba mucho. Este mensaje aumentó mis ganas y disfrutaba solo con pensar en provocarte, en ponerte nervioso, en “pervertirte”...
Quedamos en la boca de metro, subí las escaleras y en seguida te reconocí, apoyado en la barandilla, alto, moreno… me acerqué a ti con una amplia sonrisa y te dije: ”¡hola, tú debes ser Fran, eres mas alto de lo que esperaba!” y reí mientras me acercaba a darte dos besos en la mejilla, pero muy sensuales, el segundo demasiado cerca de tu boca para ser casual. Te puse mi mirada más pícara y mi mejor sonrisa. Te quedaste quieto, diría que un poco impresionado, no podías distinguir mi cuerpo debajo del abrigo, pero mirabas mi cara, mis ojos, me mirabas a los labios… apenas balbuceaste un “encantado”. Nos dirigimos a un bar con billares, charlamos un ratito antes de echar una partida, mientras tomábamos unas cervezas.

Charlábamos en la barra y te miraba fijamente a los ojos bebiendo sensual y delicadamente de mi botella de cerveza. Empezaba a hacer calor, así que abrí la cremallera de mi jersey enseñando parte del top. Intentabas disimular pero tu mirada se perdía de vez en cuando en mi escote, en mi boca, apenas acertabas a seguir la conversación de una manera coherente, me resultaba tierno y excitante al mismo tiempo. Había empezado el juego. De vez en cuando intentabas un pequeño acercamiento, pero yo me retiraba suavemente con una media sonrisilla, esto te desconcertaba cada vez más. No paraba de provocarte, pero tampoco te daba pie a hacer nada.
Quedó libre una mesa de billar y empezamos a jugar. La partida me importaba bastante poco, estaba pendiente de otro juego… solo quería excitarte cada vez mas, por lo que cuando me tocaba, no elegía la bola a jugar por lo que me convenía para ganar la partida, sino por mi posición respecto a ti. A veces me ponía frente a ti, siendo perfectamente consciente de que te mostraba un escote de vértigo, incluso levantaba la vista y te sonreía mirándote a los ojos y luego a tu pantalón, que empezaba a tener vida propia. Otras veces me ponía delante de ti, mostrándote el maravilloso espectáculo de mi culito, en mis vaqueros ajustados. Cuando te tocaba a ti jugar, apenas acertabas a dar a la bola. Aun así me ganaste.
Con las bolas que sobraron sobre el tapete, te dije inocente: “enséñame a jugar bien, ¿esto como va?” y el juego fue obvio, incluso para tu poca experiencia. Encantado y nervioso a la vez, me seguiste como yo esperaba. Te pusiste detrás de mí para enseñarme cómo llevar la bola directamente a la tronera. Aproveché al agacharme sobre el billar para rozarte con mi culo muy levemente, tanto que a pesar de que el juego era una clara provocación, no pudieras jurar que esos roces no eran casuales…
Después de la partida íbamos a tomar otra cerveza y te dije: “voy al servicio”. Bajé y ví que los servicios estaban limpios y vacíos, apenas había mujeres en el local. Me encerré en el de la izquierda que era el más amplio, me quité el top y me quedé en sujetador. Te mandé un sms: “te espero, estoy en la puerta de la izquierda del servicio de las chicas, baja ahora mismo”. Bajaste y llamaste a la puerta, nervioso y excitado. Te abrí, te cogí del brazo, te metí en el servicio y cerré la puerta tras de ti. Primero nos miramos durante un rato, parecías no poder reaccionar. Cogí tu mano y la acerqué a mi cara, luego a mi cuello, luego la bajé por mi escote hasta mi cintura... haciendo que me acariciases poco a poco. Notaba que no dabas crédito, me acerqué y te desabroché la camisa, me acerqué más, rocé suavemente mi pecho contra ti a la vez que poniéndome de puntillas te besaba en la boca. Luego besé tu pecho, tu cuello… después te dije al oído “no te quedes ahí parado, hazme lo que quieras, lo que llevas imaginando toda la noche” y de repente te transformaste, me sorprendiste, me dejaste sin respiración.

El joven inexperto se convirtió en todo un hombre ante mis ojos. Me cogiste de las muñecas y me colocaste contra la pared. Mientras me sujetabas me besabas excitado, retiraste el sujetador de mis pechos y los besaste enloquecido, desabrochaste tu pantalón y lo bajaste, tus dedos se perdieron debajo de mis braguitas mientras, sujetándome aún las muñecas con una mano, me decías al oído “¡eres una zorra, me has estado calentando toda la noche! ¡no puedo mas, si no te follo ahora voy a morir de excitación!”, me bajaste las braguitas de golpe y me diste la vuelta. Sentí el frío de las baldosas en los pezones. Estabas completamente excitado, enloquecido, tu erección era increíble, no podías más… sacaste tu sexo hinchado y lo restregaste contra mis nalgas y luego entre mis muslos, lo rozabas contra mi clítoris… Metiste los dedos en mi coñito y dijiste: “ya estas empapada, has estado jugando conmigo y mira cómo estás… te vas a enterar ahora” y me penetraste de un solo golpe. Entró sin ninguna resistencia y no pude evitar gemir, a pesar de que quizá hubiese alguien que pudiese oírnos desde fuera. No pude resistirme a tus embestidas, cada vez estaba más excitada. Te retiraste y pretendías dejarme así, muy excitada, y salir de allí, pero decidí que no, no podía aguantar más y de un empujón te senté, me bajé más los pantalones y me senté yo también, sobre ti, dándote la espalda, me acariciaba con tu sexo erecto, excitándome cada vez más, seguí hasta correrme y mi excitación te puso tan cachondo que no pudiste hacer otra cosa que penetrarme y disfrutar con las contracciones de mi coñito excitado. Apenas tardaste unos segundos más.
Después de recomponernos nos besamos dulcemente, me arreglaba el pelo frente al espejo y me abrazaste desde atrás, mirándome a los ojos por el espejo, acariciando mis pechos por debajo del top. Te aparté, salí del baño y subí las escaleras, me seguiste y noté tu mirada en mi culo en cada escalón. Era un poco indiscreto volver los dos juntos, pero nos daba igual…
De nuevo sigo tus sugerencias T… publico el relato que te regalé, una excepción en mi blog.
Os agradezco a ti y a N las mágicas fotos que lo acompañan y espero que disfrutaseis antes, durante y después de hacerlas, pues esa era la única finalidad de mi proposición “deshonesta”
Fotos: N&T