viernes 1 de enero de 2010

REENCUENTRO I - LAS PISTAS

Siempre tan obediente, mi querido T…

“Estoy cumpliendo tus deseos…” decía su sms.

Habíamos acordado guardar silencio, ni una palabra, mantener cierta distancia como si fuésemos auténticos desconocidos. Al fin y al cabo hacía mucho tiempo que no nos veíamos. Lo reconocí inmediatamente, de espaldas a la puerta de la cafetería y con las manos atrás, tal y como le había pedido. Me acerqué, deposite una pequeña cajita entre sus manos con una leve caricia, y entré en su campo de visión, contoneándome con mis tacones de aguja, mi melena al viento y mi vestido veraniego.

La cajita contenía un minúsculo mando a distancia y una nota:

“Esto es un PRESTAMO.

Te presto cierto PODER. A partir de ahora podrás usarlo cuando quieras. Por cierto, ese poder incluye acabar con el silencio cuando te plazca.

Con el poder que me queda te ORDENO que me sigas hasta el cine con un itinerario marcado. Iré delante de ti y te haré una llamada perdida, cuando puedas acércate al siguiente punto.

Entra en FNAC y curiosea por donde quieras hasta la planta 2 NO MAS ARRIBA. Recibirás una llamada perdida, cuando puedas acércate a...

Planta 4- lit. Extranjera - Por autor.
Carroll, Lewis ¿imaginas el título?
Edición ilustrada (Valderrama- Avatares)
Pág. 46-47
(Obviamente sólo uno de los ejemplares tiene "sorpresa")

Caminé hasta la planta cuarta y una vez colocada la siguiente pista, hice una llamada perdida… Coloqué la pista, obviamente en un ejemplar ilustrado de “Alicia en el país de las maravillas”, la edición que más me gustó de las que había. La página tampoco la elegí al azar.

La pista era esta foto, con el siguiente texto en el reverso:
...¿Recuerdas lo que esta faldita escondía?......Seguro que sí.

Siguiente punto del itinerario: Planta 3 - Arte - " El modernismo"- Art Pág. 88-89
Una imagen modernista y un texto sobre las “femme fatale” escondía un billete de metro y la siguiente pista. Empecé a notar de vez en cuando alguna vibración dentro de mí… estaba empezando a hacer uso de su poder… La pista decía:

Toda Femme fatal tiene algo de egoísta. Aquí está tu billete para el próximo viaje. Allí, sígueme MUY CERCA (Si las circunstancias lo permiten)
Siguiente punto: 3º planta - Fotografía - escondido tras África encontrarás un ejemplar de "La fotografía del S. XX" - Pág. 90-91

El paso por Africa no era casual, sé de sus viajes y del encanto que esa tierra ejerce sobre él, por eso escondí allí el ejemplar de La fotografía del s. xx , que contenía un par de fotos mas que sugerentes, entre las que escondí la siguiente pista:

Este era sólo para entretenerte. El último punto, antes de que me sigas hasta el cine es:
4º planta - Lit. Romántica y erótica.
"Silencio de Blanca"De José Carlos S.(Somoza, creo)Pág. 57-62
Leelas y después
SIGUEME

Era un relato bastante suave, pero tenía algo, invitaba a disfrutar de los sentidos, suficiente para ir calentando un poco más el ambiente, aunque tampoco es que hiciera mucha falta. Ahí escondí su entrada para el cine.
Durante todo el recorrido, depositando pistas apenas unos segundos antes de que el las descubriera, mi adrenalina había ido aumentando, al igual que mi excitación. Saber que él seguía mis movimientos y mis pistas me excitaba. Cada libro, cada imagen, estaba cuidadosamente elegida para aumentar su deseo.

Mientras me dirigía al metro de Sol, caminando calle abajo por Preciados, podía sentir su mirada clavada en mí, en mis tacones, en mi manera de andar, en mis caderas moviéndose a paso ligero y de vez en cuando pequeñas vibraciones…

El viaje en metro fue una tortura para mí. Quería tenerlo más cerca, sentir su respiración, pero eligió otra puerta del vagón y se esforzó en mantener las distancias, aunque su mirada delatase sus ganas de jugar. He de reconocer que fue una buena manera de alimentar el deseo, aunque me habría vuelto loca que se acercase y me rozase casualmente.

Llegamos al cine unos minutos tarde, la sala estaba completamente a oscuras, última fila, como no podía ser de otra manera…

Por cierto, foto:un vampiro.

miércoles 13 de mayo de 2009

MI CASTIGO

Descansaba en una cama de sábanas blancas y suaves, quizá de raso, apenas notaba su roce, dormía profundamente, mi respiración era lenta e imperceptible, sentía que dormía en las nubes. Vestía un ligero camisón corto, también de raso blanco, sin ropa interior.

Empecé a oír una voz lejana que me iba despertando poco a poco, susurrando. La voz era profunda y suave al principio, pero cuando me desperté del todo se había tornado mucho más firme. No entendía todas las palabras, a veces parecía hablarme en otros idiomas. No tenía claro si era por algo que había hecho, o que no había hecho, pero sin duda venía a castigarme.

Su voz me resultaba excitante en sí misma, más allá de sus palabras que también lo eran. La voz me acariciaba por dentro, sentía como mi sexo se humedecía y mi respiración se aceleraba. Me sentía un poco asustada también, porque esa voz tenía cierto toque amenazante. Me daba vergüenza, pero estaba sintiendo unas ganas tremendas de masturbarme. Tantas, que al final me pudo mi instinto y deslicé una mano hacia mi sexo.

- ¡No!

La voz me paralizó. No fue un grito, pero sin duda alguna fue la negativa más firme que he oído nunca. En ese momento apareció como de la nada el dueño de la voz, desnudo, mirándome a los ojos como si quisiera atravesar mi alma.

Ni se me pasó por la cabeza llevarle la contraria. Como una niña asustada retiré la mano, despacio, pero el deseo, que crecía cada vez más, comenzaba a quemarme por dentro.

- Estás castigada. No puedes tocarte y yo no te tocaré, es lo menos que te mereces después de lo que nos has hecho.

¿Nos? ¿A quién? Yo no sabía de qué estaba hablando… pero hablaba muy en serio.

- Sé que estás deseando tocarte, es más, se que preferirías que te acariciase yo, empezando por tu cara, suavemente, tus párpados, tus labios, tu cuello… recorriendo cada centímetro de tu piel con mis manos, hasta llegar finalmente a tu sexo, y acariciarte incluso por dentro…

Su voz sí que estaba acariciándome, la podía sentir. Mi deseo creció un poco más imaginando esas caricias. “¡Sí! Por favor… ¡tócame! No puedo más” pensé, pero no me atreví a abrir la boca.

- …O que lamiera tu sexo despacio hasta que te deshicieses y tu esencia llenase mi boca…

Mi esencia… notaba cómo salía de mi sexo, cómo resbalaba, deslizándose entre mis piernas sin que yo pudiese hacer nada.

- …O tal vez preferirías follarme, atarme a la cama y tenerme a tu disposición, con mi sexo hinchado y duro listo para que te lo claves, para que lo hundas en ti, y me cabalgues a tu ritmo hasta correrte tantas veces como desees… O que yo hiciese eso mismo contigo, que te atase y te follase con desesperación, que te…

De verdad no podía más, aquello era un verdadero castigo, jamás había estado tan excitada, ¡y ni siquiera podía tocarme! Cerré las piernas y comencé a mover mis caderas, buscando un mínimo roce que me ayudase a dejar salir tanto placer.

- ¡Abre las piernas inmediatamente!, ¡no te roces con las sábanas! ¿Olvidas que estás castigada?... No se trata de tu placer, sino del mío. Quiero ver cómo te retuerces de ganas sin poder hacer nada, quiero oler tu desesperación, que sientas cómo brota la humedad en tu sexo, impotente ante el crecimiento de tu deseo. Quiero saberte excitada, pero ni hablar de correrte.

“¡Por favor! ¡Por favor, no puedo más! Me estoy deshaciendo por dentro ¡Cómo no haga algo pronto voy a enloquecer!” “¡Por favooooooor! ¡Por favooooooor, tócame, o déjame tocarme, fóllame, lo que sea, pero yaaaa” Juraría que no abrí la boca, debió leerlo en mis ojos, porque me contestó.

- ¡Deja de suplicar! Por mucho que me lo pidas voy a ser inflexible contigo, te lo mereces. No voy a permitir que te roce ni siquiera una mínima corriente de aire, y por supuesto ni siquiera mi aliento te rozará. No cederé, aunque tu cara de bella durmiente hace mucho que se ha convertido en una cara de viciosa impenitente y deseo follarte más que nunca. Esta vez no te va a follar nadie. Mira cómo me estoy poniendo solo viendo tu cara desencajada y tu cuerpo retorciéndose, tu espalda arqueándose… Tu cuerpo entero suplica, tus ojos, tu boca… lo sé, pero no te va a servir de nada. Sabes que te deseo, lo sabes, lo ves en mi cara y en mi polla hinchada a punto de reventar, pero esta vez no será para ti.

Estaba tan pendiente de su voz y de mi excitación, que no me había dado cuenta, pero era cierto. El también estaba a mil, aunque no se veía ni una pequeña señal de debilidad en su decisión. El se quedaría con las ganas, pero no estaba dispuesto a ceder en ningún caso.

- Sabes que nunca nadie sabrá traerte a este nivel de excitación, sabes que será inútil intentarlo. Nunca estarás tan cachonda como ahora, nunca desearas con más fuerza sentirte llena.

“¡Aaaaahhhhhhggggggggg! En ese momento me sacudió el orgasmo más intenso que he sentido jamás, recorrió todo mi cuerpo como una gran descarga eléctrica.

- ¡Vaya! No creí que lo consiguieras… Tu sexo no podía hincharse más y ha estallado como un globo. Has tenido suerte. Pero no te hagas ilusiones, tu castigo no ha hecho más que empezar, ahora no pararás en tu búsqueda de otro orgasmo así y tú sabes, DE VERDAD sabes, que ES IMPOSIBLE de alcanzar. Ninguno de tus futuros amantes conseguirá ni de lejos lo que yo he conseguido.

Y me desperté. Sin sabanas de raso, pero con una humedad inequívoca entre mis piernas y la triste certeza de que el dueño de la voz más morbosa que he oído nunca tenía razón. Es imposible. Por eso, tener un orgasmo sin tocarme y sin que me toquen, sólo con la voz, se ha convertido en mi única fantasía.

¿Aparecerá alguna vez ese amante capaz de intentarlo? Es un gran reto. ¿Lo conseguirá? ¿Se podrá acercar al menos a algo parecido? Me temo que no… será mi fantasía para siempre. ¡Pero qué gran fantasía!

Fotos: un vampiro

martes 31 de marzo de 2009

YA SABES LO QUE ME GUSTA

Eso me dijo. Pero quería darle una sorpresa. Decidí llevar un juguetito: un huevo vibrador con mando a distancia. Me lo puse, junto con mi vestido blanco con florecitas, nada más. No llevaba ropa interior. En el metro, iba pulsando el mando de vez en cuando. Me resultaba muy excitante, estar ahí rodeada de extraños, sin ropa interior y sin que nadie notase lo que sentía cuando apretaba el botoncito. Sobre todo lo hacía cuando algún hombre me miraba, mientras le mantenía la mirada pensaba en si él notaría algo, si vería la excitación y el morbo en mis ojos. Tenía la sensación de llevar en la cara una media sonrisa. Delataba mi emoción por el encuentro cercano y el placer de sentirme desnuda en mitad de la ciudad.

Salí del metro y vi su coche, me estaba esperando. Subí al coche y le di el mando, para su sorpresa. Camino a su casa íbamos hablando de mil cosas o compartíamos el silencio, pero de vez en cuando sentía la vibración dentro de mí, o su mano entre mis piernas. Disfrutó de su juego tranquilamente, sin darle mucha importancia, pero cuando llegamos a su casa estaba tan excitado como yo, de eso no me cabía ninguna duda.

Me quedé en el cuarto y me cambié de ropa, “ya sabes lo que me gusta” me había dicho justo antes de quedar, ¡claro que lo se! medias, tacones, lencería… y una faldita corta de vuelo. Seguía notando vibraciones de vez en cuando mientras me vestía, hasta que le dejé pasar a la habitación. Me miró de arriba a abajo y me sonrío con su mirada de vicio. Acerté con mi vestuario, la que aumentó su deseo mientras disfrutaba cada vez más del poder que le daba tener el mando de mi juguetito.
Se acercó despacio, mirándome a los ojos. Nos besamos suavemente y acarició mi cintura con una mano, mientras con la otra seguía jugando con el mandito. Me acercó a su cuerpo y me susurró al oído que sentía la vibración y que se estaba poniendo a mil. Me tumbó en la cama, despacio y comenzó a besarme en la boca, el cuello, el pecho, apartando de repente el sujetador, el vientre… Me subió la falda y me besó el pubis por encima del tanga, mientras seguía apretando el dichoso botoncito. Empezó a lamer suavemente el interior de mis muslos, mientras me quitaba el tanga. Siguió lamiendo mi sexo, lo que unido a la vibración me estaba volviendo loca de placer, sentía cómo una especie de descarga casi eléctrica recorría mi cuerpo.

Me colocó boca abajo de repente y se colocó sobre mí, con su polla durísima entre mis muslos mientras yo juntaba las piernas, para sentirla mejor. Me sujetaba las muñecas firmemente por encima de la cabeza con una mano, mientras me besaba el cuello y me contaba al oído lo excitado que estaba. Dejó el mando encendido en la mesilla y empezó a acariciar mi clítoris mientras seguía dedicándose a mi cuello. Sentía que iba a morir de placer, pero todavía quedaba lo mejor…

Levantando mi falda de repente, acarició con su lengua mi culo mientras me sujetaba firmemente las caderas. Me encantó sentir suavemente su fuerza. Después me fue penetrando poco a poco, pero con lo excitada que estaba, en apenas unos segundos estaba dentro de mí, sintiendo la vibración desde dentro en su sexo a punto de reventar. Me sujetaba la cabeza por el pelo, para acercarse a besarme salvajemente. Nunca le había visto tan excitado…

No pudimos disfrutar mucho de esa situación, en apenas unos minutos explotamos casi a la vez en un orgasmo increíble.

Pablo: definitivamente, tú también sabes ya lo que me gusta…

Vampiro: Gracias mil por las fotos ;-)

HACE UN AÑO...

…que empecé a publicar en este blog. Después de unos cuantos relatos (no los he contado) y más de 12.000 visitas (y eso que puse el contador bastante después de empezar), he releído la declaración de intenciones y creo que el objetivo ha sido conseguido. Aunque quizá haya sido sólo parcialmente, desde luego, ha ido todo mucho mejor de lo que yo misma pensé. ¡Con lo que me gustan a mí las sorpresas inesperadas!…

A pesar de mi ausencia en los últimos meses, por motivos ajenos a mi voluntad, espero que sigáis ahí y me acompañéis en mi país como habéis hecho hasta ahora.

Quiero daros las gracias por vuestra fidelidad, regalándoos un nuevo relato (con sus fotos) que espero que os guste tanto como los anteriores.

Que la fantasía y el deseo os acompañen.

Por cierto… gracias a A que me regaló el conjunto que se ve en esta foto que me hizo un vampiro.

jueves 1 de enero de 2009

LO QUE PUDO HABER SIDO...

Noche madrileña, lluviosa y de resaca, inicio del año, primer propósito: sorprenderte. La situación pintaba morbosa, varias conversaciones pícaras por msn, alguna conversación telefónica, breve, pero lo justo para descubrir tu voz tremendamente sensual y viril para tu edad, una primera cita que cancelaste de puro nervio (aunque lo disfrazaste de excusa perfecta).

Me duché pensando en la maravillosa posibilidad de seducirte, con esas armas que da la experiencia… demuestras una gran imaginación, a pesar de tu aparente inexperiencia, y siento que tienes muchas ganas de emprender tu propio viaje y descubrir todo un mundo a tu alrededor. Me encanta.

Me vestí cuidadosamente: ropa interior negra, vaqueros ajustados, botas y un top sexy debajo de mi jersey rojo con cremallera. Solo íbamos a tomar algo, a echar una partida de billar y a conocernos, y luego, si había feeling, ya surgiría el resto. Pero yo intuía, más bien sabía, que lo iba a haber. Me gustaba tu juventud, tu juego inexperto, tus fotos y sobre todo tu voz. A media tarde me enviaste un mensaje. Decías que estabas muy nervioso pero que tenías muchas ganas de conocerme. Sé que te parecía sexy, simpática y desenvuelta, te asustaba, pero estaba claro que también te excitaba mucho. Este mensaje aumentó mis ganas y disfrutaba solo con pensar en provocarte, en ponerte nervioso, en “pervertirte”...

Quedamos en la boca de metro, subí las escaleras y en seguida te reconocí, apoyado en la barandilla, alto, moreno… me acerqué a ti con una amplia sonrisa y te dije: ”¡hola, tú debes ser Fran, eres mas alto de lo que esperaba!” y reí mientras me acercaba a darte dos besos en la mejilla, pero muy sensuales, el segundo demasiado cerca de tu boca para ser casual. Te puse mi mirada más pícara y mi mejor sonrisa. Te quedaste quieto, diría que un poco impresionado, no podías distinguir mi cuerpo debajo del abrigo, pero mirabas mi cara, mis ojos, me mirabas a los labios… apenas balbuceaste un “encantado”. Nos dirigimos a un bar con billares, charlamos un ratito antes de echar una partida, mientras tomábamos unas cervezas.

Charlábamos en la barra y te miraba fijamente a los ojos bebiendo sensual y delicadamente de mi botella de cerveza. Empezaba a hacer calor, así que abrí la cremallera de mi jersey enseñando parte del top. Intentabas disimular pero tu mirada se perdía de vez en cuando en mi escote, en mi boca, apenas acertabas a seguir la conversación de una manera coherente, me resultaba tierno y excitante al mismo tiempo. Había empezado el juego. De vez en cuando intentabas un pequeño acercamiento, pero yo me retiraba suavemente con una media sonrisilla, esto te desconcertaba cada vez más. No paraba de provocarte, pero tampoco te daba pie a hacer nada.

Quedó libre una mesa de billar y empezamos a jugar. La partida me importaba bastante poco, estaba pendiente de otro juego… solo quería excitarte cada vez mas, por lo que cuando me tocaba, no elegía la bola a jugar por lo que me convenía para ganar la partida, sino por mi posición respecto a ti. A veces me ponía frente a ti, siendo perfectamente consciente de que te mostraba un escote de vértigo, incluso levantaba la vista y te sonreía mirándote a los ojos y luego a tu pantalón, que empezaba a tener vida propia. Otras veces me ponía delante de ti, mostrándote el maravilloso espectáculo de mi culito, en mis vaqueros ajustados. Cuando te tocaba a ti jugar, apenas acertabas a dar a la bola. Aun así me ganaste.

Con las bolas que sobraron sobre el tapete, te dije inocente: “enséñame a jugar bien, ¿esto como va?” y el juego fue obvio, incluso para tu poca experiencia. Encantado y nervioso a la vez, me seguiste como yo esperaba. Te pusiste detrás de mí para enseñarme cómo llevar la bola directamente a la tronera. Aproveché al agacharme sobre el billar para rozarte con mi culo muy levemente, tanto que a pesar de que el juego era una clara provocación, no pudieras jurar que esos roces no eran casuales…

Después de la partida íbamos a tomar otra cerveza y te dije: “voy al servicio”. Bajé y ví que los servicios estaban limpios y vacíos, apenas había mujeres en el local. Me encerré en el de la izquierda que era el más amplio, me quité el top y me quedé en sujetador. Te mandé un sms: “te espero, estoy en la puerta de la izquierda del servicio de las chicas, baja ahora mismo”. Bajaste y llamaste a la puerta, nervioso y excitado. Te abrí, te cogí del brazo, te metí en el servicio y cerré la puerta tras de ti. Primero nos miramos durante un rato, parecías no poder reaccionar. Cogí tu mano y la acerqué a mi cara, luego a mi cuello, luego la bajé por mi escote hasta mi cintura... haciendo que me acariciases poco a poco. Notaba que no dabas crédito, me acerqué y te desabroché la camisa, me acerqué más, rocé suavemente mi pecho contra ti a la vez que poniéndome de puntillas te besaba en la boca. Luego besé tu pecho, tu cuello… después te dije al oído “no te quedes ahí parado, hazme lo que quieras, lo que llevas imaginando toda la noche” y de repente te transformaste, me sorprendiste, me dejaste sin respiración.




El joven inexperto se convirtió en todo un hombre ante mis ojos. Me cogiste de las muñecas y me colocaste contra la pared. Mientras me sujetabas me besabas excitado, retiraste el sujetador de mis pechos y los besaste enloquecido, desabrochaste tu pantalón y lo bajaste, tus dedos se perdieron debajo de mis braguitas mientras, sujetándome aún las muñecas con una mano, me decías al oído “¡eres una zorra, me has estado calentando toda la noche! ¡no puedo mas, si no te follo ahora voy a morir de excitación!”, me bajaste las braguitas de golpe y me diste la vuelta. Sentí el frío de las baldosas en los pezones. Estabas completamente excitado, enloquecido, tu erección era increíble, no podías más… sacaste tu sexo hinchado y lo restregaste contra mis nalgas y luego entre mis muslos, lo rozabas contra mi clítoris… Metiste los dedos en mi coñito y dijiste: “ya estas empapada, has estado jugando conmigo y mira cómo estás… te vas a enterar ahora” y me penetraste de un solo golpe. Entró sin ninguna resistencia y no pude evitar gemir, a pesar de que quizá hubiese alguien que pudiese oírnos desde fuera. No pude resistirme a tus embestidas, cada vez estaba más excitada. Te retiraste y pretendías dejarme así, muy excitada, y salir de allí, pero decidí que no, no podía aguantar más y de un empujón te senté, me bajé más los pantalones y me senté yo también, sobre ti, dándote la espalda, me acariciaba con tu sexo erecto, excitándome cada vez más, seguí hasta correrme y mi excitación te puso tan cachondo que no pudiste hacer otra cosa que penetrarme y disfrutar con las contracciones de mi coñito excitado. Apenas tardaste unos segundos más.

Después de recomponernos nos besamos dulcemente, me arreglaba el pelo frente al espejo y me abrazaste desde atrás, mirándome a los ojos por el espejo, acariciando mis pechos por debajo del top. Te aparté, salí del baño y subí las escaleras, me seguiste y noté tu mirada en mi culo en cada escalón. Era un poco indiscreto volver los dos juntos, pero nos daba igual…



De nuevo sigo tus sugerencias T… publico el relato que te regalé, una excepción en mi blog.

Os agradezco a ti y a N las mágicas fotos que lo acompañan y espero que disfrutaseis antes, durante y después de hacerlas, pues esa era la única finalidad de mi proposición “deshonesta”

Fotos: N&T

jueves 27 de noviembre de 2008

JE T'AIME

Fotos: Shhhh! (fragmentos)

Fui con unos amigos a un bar del centro que habían abierto nuevo. El sitio estaba muy bien, buena música, ambiente agradable, terracita en el piso de arriba…

Nada más llegar me fijé en el camarero, era muy joven, le debía llevar por lo menos ocho años, quizá alguno más. Me pareció bastante atractivo, no era guapo, pero algo en su mirada decía que había vivido mucho o muy intensamente, por lo menos.

Estábamos en una parte del local desde la que apenas se veía la barra, sólo desde el sitio en que yo me había puesto estratégicamente. Mientras estuvieron mis amigos solo le miré una vez, pero percibía que él sí me estaba mirando. Después de unas copas mis amigos se tuvieron que ir, pero yo estaba tan a gusto que decidí quedarme. Me terminé la copa y seguí bailando un rato.

Poco después me acerqué a la barra y con toda naturalidad empecé a hablar con él, con su compañera, que era muy maja y con un amigo de ambos que estaba en la barra, mientras esperaba mi copa. Una vez me sirvió y después de unas risas, me quedé con ellos. Su amigo era más “de mi edad” y empezó casi inmediatamente a lanzarme indirectas y miraditas. El seguía trabajando, pero no perdía detalle de lo que pasaba en la barra, me miraba y sonreía, con un gesto que yo interpreté como cierta seguridad de que, aunque siguiera el rollo a su amigo, en realidad estaba allí por él. Esta aparente tranquilidad me conquistó y poco a poco hacía menos caso al amigo y empecé a provocarle a él más directamente. Sus miradas cada vez eran más nerviosas y descaradas.

En cuanto cerraron y sólo nos quedamos el grupito de camareros y amigos, salió de la barra y se puso a mi lado. No pudimos articular ni un par de palabras cuando estábamos besándonos como si se acabase el mundo. Después fuimos todos a otro local y seguimos besándonos y abrazándonos cada vez más intensamente, sentía algo parecido al enamoramiento, me sorprendió tanto esa madurez en un chico tan joven, esa forma de abrazarme… El también me miraba con cara de estar viendo una aparición.

A veces nos mirábamos como adolescentes enamorados, apenas rozándonos los labios, me hablaba a veces en francés, mirándome intensamente a los ojos. Yo no sé mucho, pero me parecía entender entre líneas… decía que ciertas cosas me las decía en francés porque no se atrevía a decírmelas sabiendo que las podía entender. Me decía cosas como que me quería, que era el amor de su vida, que no sabía que iba a pasar mañana, pero que hoy y solo hoy, por lo menos hoy, me amaba como no había amado nunca.
Inmediatamente después nuestras lenguas se debatían en una lucha feroz, sus dientes se clavaban en mi cuello, sus manos se multiplicaban perdiéndose bajo mi vestido, acariciando mi pecho, sobando mi culo sin piedad… mientras las mías sujetaban su cuello, tirándole del pelo o le empujaban salvajemente contra mí hasta notar su erección clavada en mi pubis. Del “idioma de l’amour” pasamos a una suerte de gruñidos primitivos, gemidos y suspiros profundos. No aguantábamos más, así que conseguimos otro casco y me llevó en su vespa celeste a su casa. Nos encerramos en su habitación. Cualquier detalle que pueda dar se queda en nada, comparado con lo que sentí.
Por momentos sentí amor, ternura, caricias y besos de lo más dulce. El placer de sentirme admirada, protectora, ante un hombre joven que se acurrucaba inocentemente en mi pecho o lamía mi sexo con extrema delicadeza, introduciendo sus dedos en mí como si lo hiciese en una pompa de jabón que no desease explotar, o me penetraba muy suavemente, hablándome de amor al oído, en francés por supuesto, como si no terminara de creerse que pudiera estar allí con él en ese momento.

Segundos más tarde se transformaba en una fiera tremenda que podría hacer de mí lo que se propusiese con un simple gesto, dominándome, agarrándome con fuerza, follándome salvajemente sin ningún tipo de piedad ni consideración. Sin hacerme daño, pero con una firmeza de hierro. Ofreciéndome el mayor de los placeres, simplemente haciéndome sentir que disfrutaba de mí sin contemplaciones. Me colocaba como quería para penetrarme a su antojo, con apenas un golpe de cadera me cambiaba de postura. Sobre mí, sujetando mis muñecas con una sola mano sobre mi cabeza, clavándome también su mirada mientras agarraba mi culo con la mano que le quedaba libre. Dándome la vuelta y follándome desde atrás dejándome sentir todo su peso sobre mí, agarrando mi nuca, del pelo, para girar mi cabeza y comerme el cuello, la boca…

Pasábamos una y otra vez de una cosa a otra. Perdí la cuenta de mis orgasmos…

Sentí que estaba en la cama con un hombre en toda la extensión de la palabra, que me tendría a sus pies si quisiera y que podría obtener cualquier cosa de mí y también con un niño tierno que estaba obnubilado por mi presencia y que a su vez estaba a mis pies. Era muy extraño y muy bonito, muy intenso. Nos quedamos medio dormidos agarrados de la mano. Nos despertamos con besos tiernos y nos costó un mundo despedirnos. Al alejarnos no podíamos apartar la mirada uno del otro, hasta que se perdió en el horizonte.
No hemos vuelto a vernos desde entonces y apenas hemos hablado, pero de alguna manera para los dos fue un día tremendamente especial y estuvimos locamente enamorados y entregados al otro durante unas horas.
Fotos: Shhhh! (fragmentos)

sábado 18 de octubre de 2008

MANO A MANO

Foto: Shhhh! (fragmento)

Me sobraban los motivos para no ir a la cita. Las últimas decepciones eran motivo mas que suficiente para no tener que recorrer esos 300 km, motivos familiares me hicieron dudar hasta apenas unas horas antes.

Si había recorrido esa distancia en otras ocasiones, tenía totalmente claro que iba a triunfar, o había visto a mi presa con la seguridad de que aquello era algo excepcional, pero esta vez no había tenido ninguna visión clara de ella, ni tampoco veía nada claro que pudiese suceder algo. Tan solo tenía un motivo para conocerla que me llevó hasta allí: su profesión. Su locura y su profesión fueron los motivos que me llevaron hasta ella.

Por otro lado ella no respondía al perfil de mujer que trata de impresionarme, más bien parecía ocultarme cosas que de habérmelas contado, me hubiesen convencido para ir a conocerla.

Cuando me faltaban 50km para llegar recibí su sms "Ya estoy en el hotel, estoy nerviosa" yo la verdad que estaba mas pensando en como encontrar el sitio y no era el momento de ponerme nervioso. Siempre que entro en Madrid me pregunto si algún día podré volver a mi ciudad o me quedaré eternamente dando vueltas por sus cinturones...

Ella había escogido un hotel en el centro de la ciudad y la verdad que enseguida lo vi al pasar con mi coche, le llamé para decirle que estuviese tranquila, que estaba dando vueltas para aparcar y que en diez minutos subiría.

Habitación 726… tumbada en la cama, ropa interior de encaje negro bajo combinación negra de raso, zapatos de tacón rojo y pañuelo, también rojo, tapando mis ojos… Me acordé de Nyeri y su habitación de hotel y de Cire y su regalo de San Valentín, ¡pero ellas conocían a quien esperaban!... Todos mis sentidos estaban fuera de mí, deambulando nerviosos por el pasillo, esperando su llegada.

Sonó la campanilla del ascensor y mi alma volvió a mi cuerpo. Con cada uno de sus pasos por el pasillo se me iban acelerando las pulsaciones, se me erizaba la piel y se incrementaba la humedad entre mis piernas. La promesa hecha dos días antes de no tocarme, no hacía más que aumentar el deseo de sentir placer, así que los nervios por el riesgo casi desaparecían, pasaban a un segundo plano.

Estaba en la entrada del hotel y decidí subir directamente sin llamarla, pedí la llave y tomé el ascensor. No habíamos pactado nada de antemano, pensé que un correcto ¡Hola, soy J! sería lo adecuado.

Mientras subía recordaba que ella me había contado que le daría morbo acostarse con alguien que no conociese y al que no hubiera visto antes; en mi caso cumplía los requisitos, pero… a pesar de ser una fantasía muy habitual entre las mujeres, es difícil y arriesgada de cumplir…

Llegué delante de la puerta, acerqué los nudillos, sin embargo no toqué, abrí la puerta y entré sin llamar...

Había dejado en recepción la segunda llave para él, así que entró directamente. Imaginé que me vería primero por el espejo del armario, creo que se veía la cama casi desde la puerta… Dijo un par de palabras, no las recuerdo exactamente, pero se que me tranquilizaron, tanto por lo que dijo, como por su tono de voz. A partir de entonces, silencio absoluto.

Foto: Shhhh! (fragmento)


Empecé a sentirme como un toro en el chiquero a punto de salir al ruedo, el pasillo parecía larguísimo, tan solo se veía al fondo la luz en penumbra de la habitación. Me dirigí hacia ella, cuando llegué al umbral allí estaba, tumbada sobre la cama boca arriba totalmente inerte, un vestido de lencería negro cubría su cuerpo y un pañuelo rojo tapaba sus ojos… ni una palabra, el silencio era inmenso. Aquel pañuelo rojo sobre sus ojos, hacía destacar una abundante melena oscura que llegaba hasta su pecho… solo se escuchaba su respiración...

Dejé la maleta y me senté a contemplarla en un lado de la cama. Era una mujer preciosa, bonito ovalo de cara, bonitos labios, preciosa estampa… desde luego era una mujer muy valiente para mostrarse así.

Me quite la camiseta y me acerqué para que sintiese mi aroma, le acerque mi cuello, mi pecho… y sin decir palabra, con su respiración, y moviendo a los lados el cuello, parecía admitir lo que anteriormente había olido pidiendo más. Me quité toda la ropa y me puse junto a su cuerpo, comencé a recorrerla con mi dedo índice desde su cara, bajé por su cuello, pasé por sus pechos liberando uno de ellos, continué por su vientre, subí el vestido hasta la altura de sus pechos dejando al aire sus braguitas negras, y seguí dejando que sintiese la suavidad de mis manos hasta llegar a la punta de sus pies.

Empezó a acariciarme, tenía unas manos muy suaves. Acarició despacio mi cuerpo, descubriéndolo poco a poco. Se acercó y sentí su respiración junto a mi oído, rastreaba mi cuello, mi pecho… y se ofrecía para que yo también pudiese olerle.

El ritmo de su respiración destacaba en aquella habitación por momentos... Me acerqué hasta su cara y sin besar sus labios dejé que notase la suavidad de mi cara y mis labios por sus mejillas...

Bajé hasta su fruta prohibida, todavía con las braguitas y le pregunté: "¿Has sido una niña buena?" Sin mediar palabra, moviendo su cabeza afirmó que si...

Mis labios iniciaron un suave recorrido alrededor de sus muslos, y mi respiración se acercó hasta lo más íntimo de sus secretos, no quería quitárselas, así que las aparte con mi mano para poder contemplarla en su totalidad… allí estaba… la excitación de las horas de espera había hecho su trabajo, su sexo aparecía totalmente abierto y rebosante de néctar, su clítoris desafiante me miraba, me acerqué sin tocarla y soplé suavemente... ella parecía entrar en una nube de excitación, su respiración, sin haberla apenas tocado, era jadeante...

Foto: Shhhh! (fragmento)

Sus caricias se deslizaron por mis piernas y apartó mi braguita de encaje y dijo: “mmmm, seguro que nadie te ha besado aquí antes de haberte besado en la boca… seguro que sería el primero…” Su tono de voz me decía que lo iba a hacer, que estaba decidido a llevar la locura un poquito más lejos.

Al tiempo que me contestaba con un simple gesto, pude ver como su sexo se abría hacia mi diciéndome, bésame...

Acerqué mis labios a los suyos, y empecé a darle el más suave de los besos, mi boca se impregnó inmediatamente de su sabor, su sexo se acercó instantáneamente y sus gemidos eran la banda sonora de esa habitación, mi lengua sentía la punta de su clítoris que intentaba escapar de ella buscando su propio placer…Ni una palabra, solo gemidos, su sexo empezó a tomar el control de la situación.

Lo hizo. Su lengua se perdió en mi sexo excitado hasta que estallé en un gran orgasmo.

Intentaba tomar mi boca, rozándose contra ella al ritmo de sus gemidos… no habían pasado un par de minutos cuando su sexo explotó en mi boca, su cuerpo se arqueo sobre la cama sin perder el contacto con mis labios y escuché sus profundos gemidos. Se quedó sobre la cama tendida, turbada. Pensándolo fríamente acababa de correrse en la boca de un extraño al cual jamás había visto antes…

Seguía sin decir palabra, con los ojos cubiertos por el pañuelo rojo....


Quería relajarme y quitarme el pañuelo de los ojos, pero no me dejo. “No, no me vas a ver hasta que esté dentro de ti, date la vuelta” Sentí como seguía recorriéndome, sin prisa, pero cada vez más excitado por la situación, lo notaba en su respiración y en sus movimientos. Acarició mi espalda, mi culo, mis piernas… Volvió a colocarme boca arriba, besaba mi cuello y mi pecho.

Para entonces, yo ya estaba otra vez excitadísima, la situación me ponía a cien. El lo notaba, claro, y decidió no hacerme (ni hacerse) esperar más.

Me coloqué sobre ella, aparté otra vez su braguita y la penetré, acerqué mis labios a su boca y la besé ligeramente...

Dentro de ella y sin moverme, con mi cara junto a la suya a escasos milímetros de sus labios, tiré del lazó del pañuelo dejándolo caer...

Me penetro despacio, sentí cómo entraba poco a poco, nuestras caderas se acompasaron, y poco después me quitó el pañuelo de los ojos y me miró fijamente.

"Ahora sí que has sido una niña buena" le dije… Nunca olvidaré su mirada...

Se quedó paralizado. Por alguna razón, le impresionó mi mirada… y a mí me impresionó su reacción. Obviamente, esto fue solo el principio, apenas nos habíamos mirado por primera vez…



Foto: Shhhh! (fragmento)