Descansaba en una cama de sábanas blancas y suaves, quizá de raso, apenas notaba su roce, dormía profundamente, mi respiración era lenta e imperceptible, sentía que dormía en las nubes. Vestía un ligero camisón corto, también de raso blanco, sin ropa interior.Empecé a oír una voz lejana que me iba despertando poco a poco, susurrando. La voz era profunda y suave al principio, pero cuando me desperté del todo se había tornado mucho más firme. No entendía todas las palabras, a veces parecía hablarme en otros idiomas. No tenía claro si era por algo que había hecho, o que no había hecho, pero sin duda venía a castigarme.
Su voz me resultaba excitante en sí misma, más allá de sus palabras que también lo eran. La voz me acariciaba por dentro, sentía como mi sexo se humedecía y mi respiración se aceleraba. Me sentía un poco asustada también, porque esa voz tenía cierto toque amenazante. Me daba vergüenza, pero estaba sintiendo unas ganas tremendas de masturbarme. Tantas, que al final me pudo mi instinto y deslicé una mano hacia mi sexo.
- ¡No!
La voz me paralizó. No fue un grito, pero sin duda alguna fue la negativa más firme que he oído nunca. En ese momento apareció como de la nada el dueño de la voz, desnudo, mirándome a los ojos como si quisiera atravesar mi alma.
Ni se me pasó por la cabeza llevarle la contraria. Como una niña asustada retiré la mano, despacio, pero el deseo, que crecía cada vez más, comenzaba a quemarme por dentro.
- Estás castigada. No puedes tocarte y yo no te tocaré, es lo menos que te mereces después de lo que nos has hecho.
¿Nos? ¿A quién? Yo no sabía de qué estaba hablando… pero hablaba muy en serio.
- Sé que estás deseando tocarte, es más, se que preferirías que te acariciase yo, empezando por tu cara, suavemente, tus párpados, tus labios, tu cuello… recorriendo cada centímetro de tu piel con mis manos, hasta llegar finalmente a tu sexo, y acariciarte incluso por dentro…
Su voz sí que estaba acariciándome, la podía sentir. Mi deseo creció un poco más imaginando esas caricias. “¡Sí! Por favor… ¡tócame! No puedo más” pensé, pero no me atreví a abrir la boca.
- …O que lamiera tu sexo despacio hasta que te deshicieses y tu esencia llenase mi boca…
Mi esencia… notaba cómo salía de mi sexo, cómo resbalaba, deslizándose entre mis piernas sin que yo pudiese hacer nada.
- …O tal vez preferirías follarme, atarme a la cama y tenerme a tu disposición, con mi sexo hinchado y duro listo para que te lo claves, para que lo hundas en ti, y me cabalgues a tu ritmo hasta correrte tantas veces como desees… O que yo hiciese eso mismo contigo, que te atase y te follase con desesperación, que te…De verdad no podía más, aquello era un verdadero castigo, jamás había estado tan excitada, ¡y ni siquiera podía tocarme! Cerré las piernas y comencé a mover mis caderas, buscando un mínimo roce que me ayudase a dejar salir tanto placer.
- ¡Abre las piernas inmediatamente!, ¡no te roces con las sábanas! ¿Olvidas que estás castigada?... No se trata de tu placer, sino del mío. Quiero ver cómo te retuerces de ganas sin poder hacer nada, quiero oler tu desesperación, que sientas cómo brota la humedad en tu sexo, impotente ante el crecimiento de tu deseo. Quiero saberte excitada, pero ni hablar de correrte.
“¡Por favor! ¡Por favor, no puedo más! Me estoy deshaciendo por dentro ¡Cómo no haga algo pronto voy a enloquecer!” “¡Por favooooooor! ¡Por favooooooor, tócame, o déjame tocarme, fóllame, lo que sea, pero yaaaa” Juraría que no abrí la boca, debió leerlo en mis ojos, porque me contestó.
- ¡Deja de suplicar! Por mucho que me lo pidas voy a ser inflexible contigo, te lo mereces. No voy a permitir que te roce ni siquiera una mínima corriente de aire, y por supuesto ni siquiera mi aliento te rozará. No cederé, aunque tu cara de bella durmiente hace mucho que se ha convertido en una cara de viciosa impenitente y deseo follarte más que nunca. Esta vez no te va a follar nadie. Mira cómo me estoy poniendo solo viendo tu cara desencajada y tu cuerpo retorciéndose, tu espalda arqueándose… Tu cuerpo entero suplica, tus ojos, tu boca… lo sé, pero no te va a servir de nada. Sabes que te deseo, lo sabes, lo ves en mi cara y en mi polla hinchada a punto de reventar, pero esta vez no será para ti.
Estaba tan pendiente de su voz y de mi excitación, que no me había dado cuenta, pero era cierto. El también estaba a mil, aunque no se veía ni una pequeña señal de debilidad en su decisión. El se quedaría con las ganas, pero no estaba dispuesto a ceder en ningún caso.
- Sabes que nunca nadie sabrá traerte a este nivel de excitación, sabes que será inútil intentarlo. Nunca estarás tan cachonda como ahora, nunca desearas con más fuerza sentirte llena.
“¡Aaaaahhhhhhggggggggg! En ese momento me sacudió el orgasmo más intenso que he sentido jamás, recorrió todo mi cuerpo como una gran descarga eléctrica.
- ¡Vaya! No creí que lo consiguieras… Tu sexo no podía hincharse más y ha estallado como un globo. Has tenido suerte. Pero no te hagas ilusiones, tu castigo no ha hecho más que empezar, ahora no pararás en tu búsqueda de otro orgasmo así y tú sabes, DE VERDAD sabes, que ES IMPOSIBLE de alcanzar. Ninguno de tus futuros amantes conseguirá ni de lejos lo que yo he conseguido.
Y me desperté. Sin sabanas de raso, pero con una humedad inequívoca entre mis piernas y la triste certeza de que el dueño de la voz más morbosa que he oído nunca tenía razón. Es imposible. Por eso, tener un orgasmo sin tocarme y sin que me toquen, sólo con la voz, se ha convertido en mi única fantasía.
¿Aparecerá alguna vez ese amante capaz de intentarlo? Es un gran reto. ¿Lo conseguirá? ¿Se podrá acercar al menos a algo parecido? Me temo que no… será mi fantasía para siempre. ¡Pero qué gran fantasía! Fotos: un vampiro

Se acercó despacio, mirándome a los ojos. Nos besamos suavemente y acarició mi cintura con una mano, mientras con la otra seguía jugando con el mandito. Me acercó a su cuerpo y me susurró al oído que sentía la vibración y que se estaba poniendo a mil. Me tumbó en la cama, despacio y comenzó a besarme en la boca, el cuello, el pecho, apartando de repente el sujetador, el vientre… Me subió la falda y me besó el pubis por encima del tanga, mientras seguía apretando el dichoso botoncito. Empezó a lamer suavemente el interior de mis muslos, mientras me quitaba el tanga. Siguió lamiendo mi sexo, lo que unido a la vibración me estaba volviendo loca de placer, sentía cómo una especie de descarga casi eléctrica recorría mi cuerpo.


Charlábamos en la barra y te miraba fijamente a los ojos bebiendo sensual y delicadamente de mi botella de cerveza. Empezaba a hacer calor, así que abrí la cremallera de mi jersey enseñando parte del top. Intentabas disimular pero tu mirada se perdía de vez en cuando en mi escote, en mi boca, apenas acertabas a seguir la conversación de una manera coherente, me resultaba tierno y excitante al mismo tiempo. Había empezado el juego. De vez en cuando intentabas un pequeño acercamiento, pero yo me retiraba suavemente con una media sonrisilla, esto te desconcertaba cada vez más. No paraba de provocarte, pero tampoco te daba pie a hacer nada.






- 

